Secrétariat International Permanent, Droits de l'Homme et gouvernements Locaux Nantes Pays de la Loire, France

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Justificacion

Justificación



La sociedad de principios del siglo XXI es, más que nunca, una sociedad mundializada. Uno de los efectos más expresivos de la mundialización ha sido el incremento generalizado de los procesos de urbanización en el mundo entero. Las grandes ciudades se han ido convirtiendo en “metrópolis” (ciudad de ciudades) cada vez más difusas o en una suma de espacios ocupados y periféricos, acompañados de la aparición de aglomeraciones humanas, huérfanas de bienestar y afectadas por la exclusión.


Estos procesos de urbanización son el resultado de una voluntad imparable del derecho de las personas a buscar y definir los márgenes necesarios para tener una vida digna. La ciudad es el sitio donde es posible garantizar unos derechos difícilmente asequibles en otros ámbitos. Uno de los puntos fuertes de las ciudades es la proximidad. Un concepto y una realidad que va más allá de lo que es espacial: es político. Pero, así como la ciudad constituye el instrumento fundamental para la salvaguarda de los derechos humanos, también es cierto que ha mantenido una actitud ambigua en relación a su propio desarrollo. La constatación más evidente de esto es la existencia de una bolsa numerosa de personas en nuestras ciudades, cuyas vidas está determinada por la negación de muchos de estos derechos básicos. Esta bolsa de personas está aumentando actualmente por los movimientos migratorios globalizados.


Afrontar estas problemáticas con criterios de transformación social significa priorizar actuaciones encaminadas a recuperar la dignidad humana a partir de políticas públicas inclusivas. Las políticas inclusivas tienen que pivotar sobre tres ejes sustantivos: el eje de la plena ciudadanía (conjunto de derechos y deberes que sitúan a las personas en la categoría de ciudadanos), el eje de la sostenibilidad (compromiso responsable con las generaciones futuras) y el eje democrático y participativo (que confiere legitimidad a los modelos inclusivos de progreso).


Es necesario sumar todos los esfuerzos que desde diferentes ámbitos ha propiciado la defensa de la dignidad humana y de los derechos humanos, y buscar propuestas conjuntas que recojan la complicidad de las instituciones y de la sociedad. La definición de estos principios comunes ha de conjugar el respeto a la diversidad y al pluralismo cultural y ético existente, con el reconocimiento jurídico para todas las personas de los derechos y responsabilidades fundamentales en el ámbito cívico y local. Hoy es posible no perder la esperanza de que “otro mundo es posible” y que se está construyendo desde el dinamismo de las ciudades.


Por todos estos motivos, es importante recoger esta propuesta de elaboración de una Carta-agenda mundial por los derechos humanos en la ciudad, mediante la cual deseamos construir los consensos necesarios en el ámbito municipalista para hacer que nuestras ciudades, inevitablemente globalizadas, lo sean de una manera más humana y socialmente inclusiva.

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